Desaprenderte. Será como deconstruirte los nombres, olvidarte los perfiles, tapar ciertas direcciones, obviar varios adjetivos, aquellos que no pronunciaste al mirarme y los que no dimos al alba; los verbos huérfanos, los recorridos sin hacer.
Desaprehenderte. Soltarte. Como si todo fuera un sueño. Borrar señas y números, las palabras que podría utilizar para decirte. Y eliminar ciertas ciudades de los mapas, tergiversar geografías comunes, ciertos senderos por tu cuerpo no transitado y llenarlos con sigilos cotidianos, con esas peceras que mantienen vivos a millones de peces boqueantes en las calles esperando morir o vivir vivir a medias pero morir.
Desaprenderte. Escribir esto para uno mismo en un papel viejo, alimentarme con tinta al mediodía, bajar luego a la ciudad sin sueño a buscarme esos rastros de mi ya sin ti.